Divididos en dos turnos, 66 chavales pasarán por una experiencia en la que hay dos cosas garantizadas: el sofocante calor, con temperaturas por encima de los treinta grados; y la diversión en contacto con la naturaleza. Al frente de la expedición, Benito, el cura de Colindres, que cuenta con el respaldo de 8 monitores –cocineros, montadores, cuidadores- que, de manera totalmente voluntaria, se brindan para echar una mano en esta aventura que permite que los chavales se lo pasen en grande mientras aprenden a convivir en un entorno alejado de las comodidades de casa.
El día de Santiago tuvo lugar el relevo entre quienes ya llevaban en la zona desde el 18 de julio, y quienes el próximo domingo pondrán fin a una escapada de esas que se tarda en olvidar. Divididos por edades, los pioneros eran alumnos de 2º a 5º de primaria; mientras quienes actualmente residen en las coquetas tiendas de campaña son chicos y chicas de 6º de primaria hasta 2º de la E.S.O.
Con el apoyo logístico del Ayuntamiento de Colindres, letrinas, duchas, cocina y demás equipamiento básico de supervivencia al aire libre facilitan la labor de los adultos responsables de la expedición. Las actividades se desarrollan desde las 8:15 horas en que la música toca diana, hasta las 24:00 horas en que se establece el silencio en el campamento. En tan generoso horario da tiempo para todo tipo de quehaceres: desde una olimpiada de juegos en la que todos compiten divididos en equipos potenciando la cooperación entre sus miembros; hasta escapadas a la piscina de Villarcayo o talleres de manualidades. Pasando por veladas temáticas en las que todos se caracterizan según establezca el guión: de gala, de ciudadanos medievales…
Precisamente, al anochecer llega uno de los mayores alicientes del campamento, con “historias para no dormir” que no han impedido a los más “echaos p’adelante” dormir a pierna suelta. Eso sin contar el éxito de la noche de supervivencia ,por la que pasan todos los asistentes y que, como es de imaginar, suscita un aluvión de anécdotas para unos expedicionarios que, salvo excepciones, nunca en sus vidas pasaron una noche al raso.
Un tablón de anuncios actualizado cual portal de internet informa de cuestiones tan variadas como la previsión del tiempo, el menú de la jornada, las actividades organizadas y los últimos cotilleos que ponen aún más salsa a una estancia generosa en motivos para darle a la sin hueso.
En cuanto a las labores de mantenimiento del lugar, todos aportan su granito de arena para preservar el envidiable aspecto de un campamento a cuyo término muchos lamentan lo rápido que ha transcurrido todo. Llegará entonces el momento de arriar por última vez las tres banderas – de Torme, Colindres y de España- que cada mañana se izan tras el breve momento de oración, y que presiden el día a día de estos jóvenes aventureros. De regreso a casa, tras la misa dominical, llegará el momento de poner en orden las vivencias y comenzar esos relatos épicos en los que la imaginación terminará por redondear historias llenas de emoción, suspense y sonrisas. La mejor evidencia de que todos ellos se lo han pasado en grande durante su semana de escapada a la naturaleza.