Ya en junio del pasado año, en una conferencia que dictó el propio Martínez Cedrún en la Casa de Cultura “Dr. Velasco” que versó sobre las dunas, a la vista del interés demostrado por los asistentes, adelantó la posibilidad de organizar una visita a la zona dunar, para el siguiente año. A las doce del mediodía, en el punto de encuentro fijado al final del Paseo Marítimo, junto al Hotel “Playamar”, alrededor de 50 personas, entre miembros de la Asociación y vecinos de las inmediaciones, se reunieron para iniciar la visita.
Adentrándose por las dunas a través de los espacios que Patricio iba indicando, fue mostrando y detallando la flora propia del paraje, su capacidad para adaptarse a un medio tan hostil por su alta salinidad y vientos dominantes, reparando en las características de las finas raíces que, a modo de redes, se extienden bajo las dunas, para adherir éstas al terreno y poder resistir los embates de la playa abierta al mar.
Curiosa disposición sobre el terreno
Con un lenguaje absolutamente comprensible y sencillo, evitando en lo posible tecnicismos, fue desgranando los procesos que llevan a la creación de una duna y su expansión. Así, explicó cómo protegen su subsistencia al ofrecer unas fuertes pendientes en su orientación Norte, Nordeste o Noroeste, de una gran verticalidad, a modo de dique de contención de vientos y arena en suspensión, donde no es posible la existencia de flora. Gracias a ello, en el lado opuesto se forma la duna como tal, con unos grados de inclinación que el profesor estimaba entre 30 y 32º.
Para comprobar esos extremos, facilitó a los acompañantes varias brújulas de geólogo, provistas de una doble esfera. Puesta una de sus agujas en coincidencia de orientación con los “caminos” o sendas que ha establecido en el lugar la propia colonia dunar, es posible determinar, además de su orientación geográfica, su grado de inclinación en la zona situada a sotavento. Distribuidas entre distintos grupos, se verificó que, efectivamente, en su orientación septentrional, las dunas presentaban una caída casi vertical, desprovista de vegetación, mientras que en la parte situada al mediodía aparecía la flora en todo su esplendor, con un grado de inclinación media de 32º, exactamente la adelantada por el Profesor.
Asimismo, comentó la composición de la arena, explicando que la finura de los granos de la Playa de Laredo y su tono ligeramente dorado, tan agradable a la vista, al caminar y al tacto, obedecían, esencialmente, a tres elementos muy importantes en su configuración, como son: cuarzo, restos de conchas de organismos y demás componentes minerales. Como quiera que las brújulas vienen dotadas de una pequeña pero potente lupa, se podían ver, con nitidez, tomada una muestra de arena en la palma de la mano, los tres componentes minerales citados.
Gran depósito de agua
Mostró las dunas ‘transgresivas’ vivas, que son las más singulares de todo el espacio dunar de Laredo, las cuales, indicó, deberían ser preservadas del paso indiscriminado de bañistas, instalando, a lo sumo, un paso formado por tablas, semejante a los existentes en los distintos accesos a la playa del Salvé.
Habló del agua de lluvia que se acumula bajo las dunas, en una gran extensión y cantidad, aclarando que por su diferente densidad, no se mezcla con el agua de mar, la cual por su más elevada densidad, se sitúa bajo aquella, en el subsuelo, una encima de la otra, pero con absoluta separación, tal y como sucede con el agua y el aceite depositados en un vaso.
Ello trajo el recuerdo de que, entre mediados de los años sesenta y principios de los setenta, al resultar insuficiente el suministro de agua potable en Laredo, en especial en época estival, ya entonces con una masiva afluencia turística, que obligaba a cortes continuos, siendo Alcalde D. Antonio Fernández Enríquez, se contrató a una empresa de ingeniería cántabra, la cual perforó 16 pozos en ocho lotes de propiedad municipal situados en El Salvé, con los cuales se solucionó prácticamente el problema, hasta que años después se terminó el Plan Asón, que es el actual.
El público asistente mostró su interés por el tema de la visita, que finalizó casi a las 14 horas, formulando preguntas e interesándose por diversos aspectos, que fueron contestados con meticulosidad y esmero por parte del profesor, natural y vecino de Ampuero para más señas. Un guía inmejorable que, ya al final, para contento de los asistentes, se comprometió a una próxima visita a La Atalaya, en el Rastrillar, para hablar sobre la configuración de las rocas volcánicas ofíticas, cuya visita será programada por la Asociación, más adelante, y que se anunciará oportunamente.
Asociación Cultural Amigos del Patrimonio de Laredo
Rufo de Francisco
D. Patricio Martínez Cedrún, como se ha indicado, es Doctor en Geología, profesor en la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Minera de Torrelavega, de la Universidad de Cantabria, donde imparte las asignaturas de Ingeniería y Morfología del Terreno y Rocas Ornamentales y Minerales Industriales. Entre otras publicaciones, es coautor con el también cántabro D. Germán Flor Rodríguez, Doctor en Geología y Profesor Titular de la Universidad de Oviedo, de la obra titulada “La costa de Laredo”.
