Esta vez el zafarrancho se organizó exclusivamente en la mar. Horas antes, nada hacía presagiar que se avecinaba un pequeño tsunami a la costa cantábrica. Pero las boyas marinas, que llegaron a medir olas de hasta ¡20 metros! en algunos puntos del litoral dan idea de lo que se vino encima de toda la zona costera. En nuestra villa, se repitieron los estragos en el nuevo espigón del futuro Puerto; se volvieron a inundar las dependencias de la Cruz Roja; y el sistema dunar de la playa Salvé sufrió serias mordeduras que dieron un aspecto desgarrador a su perfil. Hasta el río Mantilla vio cómo saltaban cual muelles los corsés que décadas atrás le pusieron para amaestrar su desembocadura. En la zona del Puntal se ubicó la particular zona cero del combate: la estrecha carretera que comunica la explanada con el embarcadero desapareció absorbida por las aguas. El Tiburón y El Barlovento vieron cómo el medio marino no respetaba el derecho de admisión y campaba a sus anchas en ambos locales. Y muchas calles del Ensanche laredano, algunas alejadas decenas de metros de la orilla, se llenaron de barro fruto del arrastre con el que la fuerza del mar se llevó toneladas y toneladas de arena al interior. Lo único positivo, frente a tanto poder destructor, las imágenes del suceso. Simplemente espectaculares. |